11 enero 2009

Hoy es buen día para retomarlo



Hay mucho por hacer, sigamos entonces.

03 junio 2007

PSICOLOGÍA POSITIVA


01 mayo 2007

Los Oportunistas I: Contraste


He empezado a leer un libro titulado: "INFLUENCIA. Ciencia y Práctica. Cuáles son los factores determinantes para que una persona diga sí a otra persona". No penséis de más, me lo ha ofrecido una profesora de la universidad como complemento a un artículo que tenemos pendiente. El autor de la obra es Cialdini y, aunque todavía no he avanzado demasiado en su lectura, ya he descubierto algunas cosas interesantes.

Por ejemplo: hoy quería hablar del efecto perceptivo de Contraste. Cialdini comenta que según este principio, que guarda relación con nuestra forma de apreciar la diferencia entre dos objetos que se nos presentan uno a continuación del otro, tenderemos a acentuar las diferencias entre el segundo y el primero de los objetos presentados.

Según este autor, es este efecto el responsable de hacer que si estamos hablando con una chica atractiva en una fiesta y se nos acerca otra poco atractiva, esta última nos parezca aun menos atractiva de lo que realmente es.

Se han desarrollado algunos estudios sobre este tema en las Universidades de Arizona y Montana. Dichos estudios han concluido que quizá nos sintamos menos satisfechos con el parecido físico de nuestras parejas por el constante bombardeo de los medios de comunicación con llamativos modelos irreales. Yo añadiría, menos satisfechos con nuestro propio aspecto físico debido a la constante comparación entre los dos mundos (anorexias, vigorexias, bulimias, etc.).

En uno de los estudios, alumnos varones de la universidad debían valorar la fotografía de una chica desconcida mientras veían un capítulo de la serie televisiva los "Ángeles de Charlie", al mismo tiempo otro grupo de estudiantes masculinos valoraron a la misma chica mientras observaban otro programa en la tele. El primer grupo consideró sustancialmente menos atractiva a la chica de la fotografía que el segundo de los grupos y al parecer el motivo era la belleza de las protagonistas de la serie.

Un experimento sencillo refleja a la perfección este hecho: nos sentamos ante tres cubos de agua, uno contiene agua fría, el otro caliente y un tercero agua a temperatura ambiente. Introducimos una mano en el cubo de agua fría, otra en el de agua caliente y, a continuación, las dos en el cubo de agua con temperatura ambiente. El resultado es una sensación térmica diferente para cada una de las manos. Esto viene a ilustrar que una misma cosa puede resultar muy diferente según la naturaleza del acontecimiento que la preceda.

Dice el autor del capítulo, en esta línea, ¿cuál creeis que es la estrategia del vendedor para ganar más dinero de un mismo cliente? Pues enseñar primero los productos más caros, puede parecer contradictorio (reconoce) pero, un jersey de 50€ puede paracer bastante caro o simplemente "algo más de dinero" si ya nos hemos gastado 215€ en un traje de gala. Creo que muchos podemos vernos reflejados en esa situación o tal vez, en aquella otra en la que habiendo cerrado el precio total de un coche nuevo, el vendedor nos ofrece una serie de pequeños extras cuidadosamente dosificados en pequeñas y admisibles cantidades de dinero. La suma total del valor del vehículo será, sin duda, prohibitiva, pero la cara de tontos cuando hagamos las cuentas en casa, seguro que, como dice el anuncio de aquella tarjeta, no tiene precio.

04 febrero 2007

Personal Values



JC me ha dado el empujón definitivo para que escribir hoy en mi blog pase a ocupar el número uno de mis prioridades.

Como comenté (hace ya bastante tiempo), el post anterior estuvo motivado por una discusión que surgió en clase cuando hablábamos de la Terapia de Aceptación y Compromiso. Este nuevo enfoque era desconocido para la mayoría de quienes nos encontrábamos allí, su aplicación a los trastornos psicológicos todavía no está demasiado extendida en nuestro país.

No cabe duda acerca de la calidad de los profesionales que operan en clínica apoyándose en terapias cognitivas. Las aportaciones del psicoanálisis posibilitaron el avance de la disciplina psicológica como ciencia, a pesar de aquello que esgrimen los detractores de Freud sobre su falta de “cientificidad” a la hora de aplicar sus terapias y redactar sus teorías. En realidad lo que Freud hacía se denominó más tarde "estudios de caso"; algunos dirán: “¡nada que ver!”. Puedo asegurar que gran parte de la literatura que existe hoy apoyando un tipo de terapia u otro con base en este tipo de diseño añorarían, si sus autores contasen con el don de la auto-exigencia y capacidad crítica, la vida profesional que Sigmund Freud desarrolló.

Sea como fuere, la psicología cuenta, para bien o para mal, con multitud de acercamientos teóricos contrapuestos en busca de la comprensión y manejo de la conducta humana. En realidad yo todavía no acabo de ver esa diferencia tan enorme que separa a cada corriente teórica, más bien observo pequeñas variantes que no hacen sino focalizar sus esfuerzos en distintos aspectos aislados del Ser Humano. Aunar esos “esfuerzos” seguro que está más cerca del objetivo que una sola de sus ramas.

Ya hemos debatido en este blog la visión que tiene la población (generalizando) sobre la psicología como disciplina y los psicólogos como consejeros que van a escucharte (o fingir que lo hacen) a cambio de tu dinero. Dicho así, cualquiera puede ser psicólogo. De hecho, desgraciadamente en la actualidad hay pocas personas que no tengan esa “intuición” a partir de la que puedes ir sacando los consejos o las palabras que mejor se adapten a lo que el otro quiere escuchar. En este sentido creo que las terapias de orientación conductista dan una imagen diametralmente opuesta a esta creencia. Una terapia basada en los principios del conductismo augura un cambio en el comportamiento en el sentido deseado, pero atención, sólo si es guiada por un terapeuta experimentando en el uso de tales principios básicos. Que nadie me malinterprete, he leído, he comprobado, he estado presente, en situaciones en las que la mejor solución para un paciente pasaba por aplicar terapia cognitiva o cognitivo-conductual. Sin embargo (y aquí es donde creo correr el riesgo de ser malinterpretada), creo que llevar una sesión bajo los dictámenes de un tratamiento conductual requiere mayor cualificación que dirigir una sesión basándonos exclusivamente en terapias cognitivas. Quiero decir con esto que a mi vecino le resultaría más complicado desarrollar la Terapia de Aceptación y Compromiso (por ejemplo), que intentar convencer a otra persona de lo “equivocado de sus pensamientos”.

En este punto, me acerco a la Terapia de Aceptación y Compromiso con curiosidad y ésta se ve acrecentada cuando, debido a la presentación de esta terapia, se levanta un debate en clase.


Los seguidores de esta terapia sugieren su aplicación en todos aquellos trastornos psicológicos que lleven asociado un fuerte componente de “Evitación Experiencial”, esto es, aquellas patologías en las que la persona concentra sus esfuerzos en eludir ciertos pensamientos o sensaciones (como ocurre en la ansiedad generalizada, las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno por estrés postraumático).


Muy resumidamente puede decirse que el objetivo de la terapia es doble. Por un lado se pretende que el cliente acepte aquellos aspectos de su experiencia que ha estado intentando modificar sin éxito (la ansiedad, las obsesiones, la tristeza, etc.) Por el otro, se intenta que ello no paralice la vida de la persona, de tal forma que el cliente pueda dirigirse hacia aquellas metas que le son personalmente valiosas (relaciones sociales, laborales, etc.) aun teniendo ansiedad, obsesiones o con cualquier otra experiencia hasta entonces bloqueante. Como puede verse, frente a los enfoques cognitivos-conductuales clásicos, la Terapia de Aceptación y Compromiso supone un cambio del foco terapéutico. La intervención no va ya dirigida a eliminar o reducir los síntomas, sino que pretende conseguir un distanciamiento de la persona respecto de ellos o, lo que es lo mismo, una forma distinta de autoconocimiento. (Freixa i Baque, 2003).

El párrafo anterior encierra las claves del debate suscitado; nos referimos a la importancia concedida desde este enfoque a los valores de la persona. En este contexto, si, como comentasteis muchos de vosotros, los valores de una persona se concentran en conseguir alimentos quizá las posibilidades de que esta necesidad se vea relegada a un último plano frente al temor de salir a la calle, hablar en público o preocuparse obsesivamente por el estado de salud de su pareja, sean menores, en una sociedad en la que ese valor prima sobre cualquier otro.

En nuestra sociedad son otros los valores que se refuerzan, entre ellos el "pánico al sufrimiento", evitar el dolor a toda costa (tanto físico como psíquico) se está convirtiendo en una trampa mortal para muchos de nosotros, llegando a superponer la necesidad de “sentirse bien” sobre cualquier otra cosa. “Si no te gusta la nariz que tienes y eso te hace menos feliz, opérate”, pero vamos más allá, “Si sientes que vas a morir porque acabas de perder a tu hijo en un accidente de tráfico, entonces tómate algo que te calme o consulta a un especialista que mengüe tu dolor.” Enunciados como los anteriores van creando en la persona una conciencia de “enfermedad” o “anormalidad” por sentir y pensar cosas que no “debo” sentir ni pensar. En todos los trastornos mencionados arriba la lucha contra esos pensamientos y sentimientos pasa a convertirse en el único fin de la persona que los sufre y desde ese momento su vida empieza a paralizarse.

Una lástima creer en esos “falsos mitos”, en los “mantras” de los que Luis Muiño nos lleva hablando desde hace algunas semanas. Derribarlos es complicado, pero cerrar los ojos ante ellos es condenarnos. Lástima que nuestros políticos tengan sus mentes ocupadas en asuntos más trascendentales como sacar el vino de la lista de alimentos saludables para que los jóvenes lo consuman en menor medida (desde luego todo joven bebe vino por estar incluido dentro de esta lista), al igual que el tabaco y otras drogas que desde que sabemos que no son “saludables” prácticamente han desaparecido del mapa… En fin “más circo y más pan” y nosotros a dormir tranquilos, que la felicidad es lo más importante y no merece la pena criar ojeras por asuntos que no tienen solución.


29 noviembre 2006

Rápido sondeo


Tengo muchas ganas de retomar el blog, y hacerlo como es debido. Hay varios temas en el tintero y cuando me quede más tiempo libre (confío que llegará el momento) espero poder compartirlos.

Mientras tanto dejo un pequeño sondeo que ha surgido en una clase de Análisis del Comportamiento.

¿Qué opináis respecto a la siguiente cuestión?

* ¿Los habitantes de países pobres son más felices que los de países ricos?
* ¿Los habitantes de países pobres son menos felices que los de países ricos?
* No hay diferencias.

Y el porqué.

01 octubre 2006

Sin palabras, sin imágenes

La primera persona sordociega matriculada en una Universidad española

¿De verdad la vida es más compleja de lo que parece?

26 agosto 2006

Mi segunda cadena Blogera... ya os lo advertí.

Cumpliendo el recado de Quizá, intentaré responder las siguientes preguntas:

¿Cuánto tiempo llevas blogueando? Según los archivos de mi blog, como "escritora" desde Octubre de 2004, como lectora pocos meses antes.
¿Cómo te enteraste de la existencia de los Blogs y empezaste a bloguear? Fue mi compañera de piso quien me inició en el mundo bloguero, después empecé a pasarme con bastante asiduidad por el Habitat del Unicornio, el blog de Luis Muiño, era impresionante. Aprendí mucho con él y pensé que quizá podría escribir sobre lo que más me gustaba y seguir aprendiendo y creciendo con otras personas dispuestas a acompañarme. Desde Octubre me engachasteis, también Gatopardo tuvo mucho que ver en esto. Aprovecho para mandarle un abrazo.
Dime cinco Blogs que sigas a diario o con mucha frecuencia. Sigo a todos mis enlaces, pero es cierto que a algunos con más frecuencia que a otros. Algunos de mis enlaces llevan varios meses sin actualizar de modo que a ellos los visito con menos frecuencia. A otros cuantos os necesito, así que suelo leeros a diario aunque me mantenga en un discreto segundo plano.
¿Eres lector anónimo de algún Blog? Pasemos a la siguiente, ejem. Es mejor no entrar en detalles.
¿Algunos autores que te despierten especial simpatía? Pues sí, la mayoría de las personas que visito despiertan mi simpatía. Kaft, Hell, Gato, Libertino, Aficionados, Mariana, Info... Especialmente ellos porque con ellos empezó esta aventura y son, en gran medida, quienes la mantienen.
¿Qué blogs consideras de mayor calidad? Difícil pregunta, hay muchos autores que trabajan muchísimo sus blogs. No sé a qué criterio tengo que ceñirme para valorar la calidad de los blogs que leo, pero he aprendido mucho de Luis Muiño, de Gatopardo, de ExOriente, A los que buscan y Atlantis.
¿Con qué cinco blogueros te irías de borrachera? Aquí, respondo como Quizá: ¿Sólo 5?. ReinaMora, Quizá, Lolita, Maruja (por supuesto, aunque temo no tener tanto aguante como ellas), A pesar, Info, Mariana (me encantaría tener ocasión de conocerla), Hell, Hidde, Kaft, El libertino (aunque este último tiene mucho peligro ;)).
¿Con qué tres blogueros pasarías una noche de locura sexual? Con alguno, pero dejemos el condicional.
¿Te has enamorado alguna vez de un bloguero? Sí, pero antes de blogero fue "enamorado".
¿Has conocido a alguno más allá del teclado? Conocí a ReinaMora, conozco a Barbara, a qvark, a Ale, y seguro que alguien más se me escapa.
¿Estás satisfecho con tu blog?Según el día, pero sí, en líneas generales no se aparta demasiado de lo que pretendía en un principio. Pero siempre se admiten sugerencias y reconozco que a veces me paso escribiendo y que mis lectores me tienen mucha paciencia.

Le reenvío el encarguito a:
Bárbara, Qvark y Info

13 agosto 2006

Motivos


A lo que he llamado motivo Víctor Frankl lo llama sentido. La primera vez que leí algunos capítulos de su obra, hace ahora tres años, recuerdo cómo me impactó leer acerca de los estragos que puede llegar a causar la pérdida de la fe.

Por supuesto, no hablamos de religión; afortunadamente cada uno de nosotros hemos depositado nuestras esperanzas en algo o en alguien y, aunque esos valores puedan cambiar a lo largo de nuestra experiencia, nos conviene perseguirlos una vez que los hayamos identificado.

Encontrar un sentido a la vida no siempre es fácil, Frankl nos lo puede corroborar desde su experiencia como prisionero en Auschwitz. Para él, en aquel momento, fue su obra, un trabajo inconcluso que, de ser acabado, le conferiría la gloria de la inmortalidad.

Muchos de vosotros, quienes me seguís desde mis comienzos, ya habréis adivinado mis “tendencias” acerca de las distintas religiones. Así, no os sorprenderá que cuando leo a este psiquiatra austriaco plantear la posibilidad de encontrar sentido a la vida a través del sufrimiento adopte una primera actitud de reserva. Ese es el axioma del judaísmo, el islamismo, el cristianismo y otras doctrinas religiosas: Hemos venido a este mundo a sufrir, todo el sufrimiento de esta vida será reemplazado en aquella con gloria eterna.

Sin embargo, V. Frankl es bastante objetivo si lo contemplamos desde la ventaja que nos da el conocer algunos datos de su vida. Hablando de cómo el sufrimiento puede conferirle sentido a nuestra vida, escribe:

“(...) Y el tercer cauce para encontrarle un sentido a la vida es a través del sufrimiento.

Cuando uno se enfrenta con un destino ineludible, inapelable e irrevocable (una enfermedad incurable, un cáncer terminal...), entonces la vida ofrece la oportunidad de realizar el valor supremo de cumplir el sentido más profundo: aceptar el sufrimiento. El valor no reside en el sufrimiento en sí, sino en la actitud frente al sufrimiento, en nuestra actitud para soportar ese sufrimiento.

Citaré un ejemplo muy claro: un doctor en medicina general me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. Era incapaz de sobreponerse al dolor del fallecimiento de su esposa, con quien compartió un matrimonio excepcionalmente feliz. Su esposa había muerto dos años atrás. ¿Cómo podía ayudarle? ¿Qué decirle? Me abstuve de comentarle nada y, en vez de ello, le pregunté: ¿Qué habría sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa lo hubiese sobrevivido? Bueno – dijo – para ella habría sido terrible, ¡sufriría muchísimo! >> Ante lo cual repliqué: Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero para conseguirlo ha tenido que llorar su muerte y sobrevivirla.

No dijo nada, me tomó la mano y, quedamente, abandonó mi consulta”

Algo más adelante explica: “(...) Pero permítaseme dejar bien sentado que el sufrimiento no es en absoluto necesario para otorgarle un sentido a la vida. El sentido es posible sin el sufrimiento o a pesar del sufrimiento. Para que el sufrimiento confiera un sentido ha de ser un sufrimiento inevitable, absolutamente necesario. El sufrimiento evitable debe combatirse con los remedios oportunos, el no hacerlo así sería síntoma de masoquismo, no de heroísmo”

Frankl ha llamado logoterapia a la terapia que se apoya en el <<logos>>, en el sentido, o la meta.

Nunca antes había oído hablar de esta terapia y de todo el conjunto de teorías que engloba. Es una lástima que en cinco años de carrera se repitan asignaturas con nombres distintos y luego, claro está, no quede tiempo para conocer otras perspectivas que, si bien no son mayoritarias, sí que resultan interesantes y, por supuesto, útiles, ya que en psicología no existe una “varita mágica” que solucione todos los problemas y debemos nutrirnos de lo mejor de cada paradigma.

En estas líneas Frankl nos da su visión sobre el por qué de la afluencia de tantos casos de depresiones en la actualidad. Muestra cómo es posible aplicar esas teorías al tratamiento de fobias y otros trastornos de ansiedad. La verdad es que a priori no resaltan demasiadas barbaridades entre estos planteamientos.

Os transcribo otro párrafo para reflexionar sobre todo lo anterior. Hasta hace poco yo misma me he encontrado perdida, sin un sentido, sin saber hacia dónde dirigir mis esfuerzos. Puedo dar fe de la paz que genera verlo claro: Todo lo que ya he recorrido me ha traído hasta aquí. Ha habido momentos difíciles, a veces he sufrido, pero sobre todo he disfrutado, y sigo haciéndolo ahora, con mis ilusiones marcando el camino, otorgándole valor a mi pasado. No sé que me deparará el mañana, pero ahora tengo la actitud para afrontarlo.

“(...) La logoterapia, consciente de la esencial transitoriedad de la existencia humana, no es pesimista sino activista. Podríamos explicarlo de la siguiente forma: el pesimista se parece a un hombre que día a día arranca la correspondiente hoja del almanaque y observa, con miedo y tristeza, como se reduce según transcurre el tiempo. La persona activa igualmente arranca las hojas día a día, pero toma la precaución de archivarla junto a las otras y de anotar unas cuantas notas al dorso. De esta manera recoge y refleja, con orgullo y goce, el arsenal de valores atesorados en esas notas, unas notas escritas a lo largo de una vida vivida intensamente. ¿Qué le importa comprobar que va envejeciendo? ¿Tiene alguna razón para envidiar a los jóvenes, o para sentir nostalgia por la lozanía perdida? ¿Por qué ha de envidiar a la gente joven? ¿Por el esplendoroso horizonte de sus posibilidades, por el futuro que les espera? No, gracias – se dirá -; en vez de posibilidades por hacer yo cuento con las realidades de mi pasado: mis trabajos, los amores sentidos y regalados y los sufrimientos asumidos valientemente. De esos sufrimientos es de lo que me siento más orgulloso, aunque quizá no susciten envidia.

¿Y vosotros? ¿Qué podría esperar la vida de cada uno de vosotros? Me gustaría saber qué veríais si, como sugiere V. Frankl, hicierais el ejercicio de situaros imaginariamente en el lecho de vuestra muerte recapitulando sobre vuestra vida. Seguro que encontráis las razones, los motivos, para despedir el mundo con una sonrisa de satisfacción.

Motivos (III)

El prisionero que perdía la fe en el futuro – en su futuro – estaba condenado. Con la quiebra de la confianza en el futuro faltaban, asimismo, las fuerzas del asidero espiritual; el prisionero se abandonaba y decaía, se convertía en sujeto de aniquilamiento físico y mental. Normalmente esto se producía de repente, en forma de crisis, no tanto por nosotros mismos, entonces ya no tendría especial importancia, cuanto por nuestros amigos. Solía comenzar cuando el prisionero se negaba a vestirse y a lavarse, o a salir fuera del barracón a la hora de formar. Ni las súplicas, ni los golpes, ni las amenazas surtían efecto alguno. Se limitaba a quedarse en su lugar, sin apenas moverse. Si la crisis desemboca en enfermedad, entonces rehusaba ser conducido a la enfermería o aceptar cualquier tipo de ayuda. Sencillamente se daba por vencido. Permanecía allí, tendido sobre sus propios excrementos, sin importarle nada.

Una vez fui testigo del estrecho nexo entre la pérdida de la fe en el futuro y este peligroso darse por vencido. F., el jefe de mi barracón, compositor y libretista famoso, me confió un día:

“Me gustaría contarte algo, doctor. He tenido un extraño sueño. Una voz me invitaba a desear cualquier cosa, bastaba con preguntar lo que quería conocer y mis preguntas serían satisfechas de inmediato. ¿Sabe qué pegunté? Cuándo terminaría la guerra para mí. Ya sabe lo que quiero decir, doctor, ¡para mí! Conocer cuándo seríamos liberados los de este campo y cuando terminarían nuestros sufrimientos.”

“¿Y cuándo tuvo usted ese sueño?”, le pregunté.

“En febrero de 1945”, contestó. Por entonces estábamos a principios de marzo.

“¿Qué respondió la voz en su sueño?”

En vos baja, casi furtivamente, me susurró:

“El treinta de marzo.”

Cuando F. me contó aquel sueño todavía se encontraba rebosante de esperanza y convencido de la certeza y veracidad del oráculo de la voz. Sin embargo, a medida que se acercaba el día prometido, las noticias que recibíamos sobre la guerra menguaban las esperanzas de ser liberados en la fecha indicada. El veintinueve de marzo, de repente, F. cayó enfermo con una fiebre muy alta. El treinta de marzo, el día en que según su profecía, terminaría la guerra y el sufrimiento para él, empezó a delirar y perdió la conciencia. El treinta y uno de marzo falleció. Según todas las apariencias murió de tifus...

Los que conocen la estrecha relación entre el estado de ánimo de una persona – su valor y su esperanza, o su falta de ambos – y el estado de su sistema inmunológico comprenderán cómo la pérdida repentina de la esperanza y el valor pueden desencadenar un desenlace mortal. La causa última de la muerte de mi amigo fue la honda decepción que le produjo no ser liberado el día señalado. De pronto se debilitó la resistencia de su organismo y sus defensas disminuyeron, dejándole a merced de la infección tifoidea latente. Su esperanza en el futuro y su voluntad de vivir se paralizaron, y su cuerpo sucumbió víctima de la enfermedad. Después de todo, la voz de sus sueños se hizo realidad.

La observación de este caso, y sus consecuencias psicológicas, concuerda con un hecho que el médico del campo me hizo notar: la tasa de mortandad semanal durante las Navidades de 1944 y el Año Nuevo de 1945 superó en mucho las estadísticas habituales del campo. En su opinión, la explicación de este aumento de mortalidad no había que buscarla en el empeoramiento de las condiciones de trabajo, ni en una disminución de la ración alimenticia, ni en un cambio climatológico, ni en el brote de nuevas epidemias. A su entender, se trataba sencillamente de la ingenua esperanza que abrigaron la mayoría de los presos de ser liberados por las fiestas navideñas. Según se acercaba esa fecha, y al no recibir ninguna noticia alentadora, los prisioneros perdieron su valor y les venció el desaliento. Muchos de ellos murieron al debilitarse su capacidad de resistencia.

Ya advertimos en páginas anteriores que cualquier intento por restablecer la fortaleza de los reclusos, bajo las dramáticas condiciones de un campo de concentración, debe comenzar por acertar en proponerle una meta futura, un objeto concreto que de sentido a su vida. Las palabras de Nietzsche “El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo” podría convertirse en el lema que orientara y alentase los esfuerzos psicohigiénicos y psicoterapéuticos con los prisioneros. Siempre que se presentaba la menor oportunidad, era preciso infundirles un porqué - un objetivo, una meta – a sus vidas, con el fin de endurecerles para soportar el terrible cómo de su existencia. ¡Pobre del que no percibiera algún sentido en su vida, ninguna meta o intencionalidad y, por tanto, ninguna finalidad para vivirla: ese estaba perdido! La respuesta típica de ese hombre frente a cualquier razonamiento que pretendiera animarle, era: “ya no espero nada de la vida”. ¿Existe algún argumento ante estas palabras?

(Viktor Frankl El Hombre en Busca de Sentido)

08 agosto 2006

Motivos (II)


(...) "¿No podeís daros más prisa, cerdos?" En unos minutos reaunadamos el trabajo en la zanja justo donde lo habíamos dejado el día anterior. El suelo helado crujía bajo la acción de las piquetas, y saltaban chispas. Los hombres permanecían en silencio, como con el cerebro entumecido o anestesiado.

Mi mente todavía se aferraba a la imagen de mi mujer. De pronto me asaltó una inquetud: no sabía si aún vivía. Sin embargo, ahora estaba convencido de una cosa, algo que había aprendido demasiado bien: el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su sentido más profundo en el ser espiritual del otro, en su yo íntimo. Que esté o no presente esa persona, que continúe viva o no, de algún modo pierde su importancia. Ignoraba si mi mujer vivía y carecía de medios para averiguarlo (a lo largo de mi cautiverio jamás tuvimos contacto postal con el exterior); aunque en ese momento esa cuestión tan vital dejó de importarme. No sentía ninguna necesidad de comprobarlo: nada podía afectar a la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o a la mirada amorosa de su figura espiritualizada. Si por aquel entonces hubiera conocido la muerte de mi mujer, creo que aun así me habría entregado - insensible a la realidad - a la contemplación de su imagen y mentalmente habría conversado con ella con la misma viveza y satisfacción. <<>> (Cantar de los Cantares 8,6).

(...) Cualquier tentativa de buscar arte en el campo adquiría, en general matices grotescos. La posible leve sensación artística, pienso yo, surgía del fantasmagórico contraste entre lo chusco del espectáculo y la desolación de la vida en el campo, que le servía de telón de fondo. Nunca olvidaré que en mi segunda noche en Auschwitz la música me despertó de un sueño profundo. El vigilante del barracón celebraba una especie de fiestecilla en su habitación, próxima a nuestra puerta. Unas voces achispadas tarareaban canciones conocidas. De pronto se hizo el silencio y en medio de la noche un violín tocó un tango triste y desesperado, una melodía desconocida y quizá por eso más atractiva. Mientras el violín parecía "llorar" el tango, una parte de mí también lloraba: aquel día alguien cumplía veinticuatro años. Ese alguien dormitaba en algún lugar de Auschwitz, tal vez a unos cientos o unos miles de metros de mí; aunque esos pocos metros dibujaban una barrera infranqueable. Ese alguien era mi mujer.


(Viktor Frankl: El Hombre en Busca de Sentido.)