18 diciembre 2005

Blogger invitado

En noviembre recibí una invitación desde EnPsique para participar en su blog como invitado con motivo de su primer aniversario. Con mucho gusto acepté publicar en su blog, y el resultado ya puede ojearse. Os recomiendo leer otros interesantes artículos como el de "la sexualidad en EnPsique: una restrospectiva", o el artículo de Kaftrado (asiduo visitante de esta casa), titulado "Yo versus Superyo" (los dos publicamos sobre lo mismo pero con una orientación diferente, podemos asegurar que no hubo acuerdo).
Post breve, más bien un "redireccionable", dirigido a los fieles visitantes de este blog; las personas con más paciencia dentro de este universo de bitácoras.

08 diciembre 2005

Fobias


Camino de la facultad atravieso una larga avenida de cuatro carriles que discurre paralela al cuartel. Como en las grandes ciudades en épocas difíciles, los alrededores de este vasto terreno militar deben estar libres, tan sólo rodeados de avenidas o calles amplias.

Normalmente es un tramo del trayecto que pasa rápidamente, ya que como no hay obstáculos que sortear me dejo llevar por mis pensamientos y no vuelvo a ser consciente de lo que ocurre por allí hasta que comienzo a subir lo primeros peldaños que conducen directamente a mi facultad.

Pero hace un par de días algo rompió la rutina de este paseo, una chica que caminaba delante de mí, se colocó de pronto en el centro de la avenida, entre dos carriles por los que transitan gran cantidad de coches a esa hora. Intenté reconocer alguna clave en la escena que le hubiese hecho exponerse a esa situación tan peligrosa. A lo mejor la chica quería cruzar a la otra acera y se arrepintió a la mitad del camino, quizás había algo en la acera, una obra tal vez, que la hizo apartarse hacia la carretera, busqué cualquier pista que confirmara alguna de mis hipótesis, pero nada.

Al cabo de un par de metros la chica regresó a la acera y prosiguió como si nada. Me fijé en ella pero también en un chico que paseaba a su perro y que en ese momento se cruzaba conmigo. Entonces caí en la cuenta, yo no había visto el momento en el que la chica y el chico se cruzaron, y no me hubiese sido posible verlo porque ese momento no existió. La chica debía tener miedo a los perros y por eso huyó de ese encuentro.

Dicen que uno de los criterios para distinguir una fobia patológica de un miedo común es la interferencia de esa fobia en la vida diaria de la persona. En este caso la fobia no impidió que esta muchacha saliese a la calle, pero claramente la empujó hacia una situación arriesgada. Es interesante pararse a reflexionar en este punto. Subjetivamente el perro representaba para esta persona una clara amenaza, siguiendo a las teorías cognitivo-conductuales, la imagen del animal activaría una serie de pensamientos y sentimientos en esta mujer que finalmente serían los últimos responsables de su conducta. Sin embargo, objetivamente la probabilidad de sufrir consecuencias negativas por un atropello es mayor a la probabilidad de ser mordido por un perro (por no hablar del alcance de unas consecuencias frente a otras). Pero las personas que padecemos alguno de estos miedos irracionales no evaluamos nunca datos realistas como estimaciones de probabilidad, alcance de las consecuencias, alternativas basadas en la experiencia, posibles soluciones, etc.

Desde hace algún tiempo noté que las alturas me ponen algo nerviosa, especialmente cuando se trata de moverte próxima al vacío u observando la caída bajo tus pies. El problema es que mi miedo ha ido en aumento; lo que antes sólo me alteraba, ahora prácticamente me paraliza. Puedo andar por el borde de una montaña e ir ascendiendo o descendiendo por él mientras observo la ladera y la pendiente, pero lo hago a un ritmo mucho más lento que antes y con mucha más inseguridad. Es paradójico pero es el miedo quien crea miedo. Las primeras veces que me exponía a estas situaciones, como por ejemplo cuando subí a la torre Eiffel y veía el suelo de París entre el enrejado del suelo, pensaba que aquello estaba muy alto, que si me caía desde ahí arriba no lo contaría, y que todo se solucionaría si no me acercaba a la barandilla ni a las escaleras. Así, he ido aferrándome cada vez con más fuerza a señales de seguridad como ir delante o detrás de una persona en la que confío, pegarme siempre al lado interior y agarrarme a algo sólido antes de dar cualquier paso, etc. Todas estas conductas han conseguido que me sienta “menos incómoda” cuando tengo que pasar por alguna situación de este tipo. Esta reducción de la ansiedad resulta agradable para mí, lo que algunos psicólogos llamamos reforzante, y todo refuerzo incrementa la frecuencia de emisión de una conducta, con lo cual cada vez me agarro más fuerte y camino más lento, lo que hace que mi potencial en esas situaciones cada vez se reduzca más. Yo percibo esto, me percibo más torpe cada vez y esto me lleva de nuevo a pensar que voy a caerme, que me resbalaré, etc., el bucle infinito del que tantas veces oímos hablar y del que tanto cuesta salir.

Y luego viene la parte más dura, yo tengo éste y muchos otros problemas, yo soy psicóloga y he estudiado toda esa teoría sobre como se crean y mantienen las fobias, así como cuáles son los mejores métodos para erradicarlas, me empleo con ganas en solucionarlo, me repito la teoría una y otra vez, todas las veces que sea necesario, pero en la facultad sólo nos enseñan el papel del profesional, y me doy cuenta que representar al paciente es mucho más complicado, por eso ellos nunca dejarán de sorprenderme.

21 octubre 2005

Inteligencia. ¿Es posible crearla?


Acabo de leer algunos artículos en los que sus autores debaten acerca de si pueden o no pensar los ordenadores. En algunos puntos de esta acalorada discusión he tenido que apartar la vista del texto y volver a retomar el documento algún párrafo más adelante, y es que los autores se adentran en cuestiones que escapan a mi conocimiento, y otras que aun entendiéndolas no les encuentro el sentido.

Ante la pregunta "¿Pueden pensar los ordenadores?", la respuesta más visceral es un NO rotundo. Aceptamos que los ordenadores ejecuten programas que les han sido instalados, y que algunas de esas aplicaciones sean más avanzadas que otras, pero de ahí a que puedan pensar o sean seres inteligentes, existe un largo camino. Este debate, (como cualquier otro), tiene un final complicado, puesto que no sólo hay que llegar a un acuerdo sobre la existencia de una “inteligencia artificial”, sino que primero debe existir este mismo acuerdo respecto al constructo inteligencia. Está claro que dependiendo de la definición que tomemos la respuesta será distinta.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, Inteligencia tiene varias acepciones:

1) Capacidad de entender o comprender.
2) Capacidad de resolver problemas.
3) Conocimiento, comprensión, acto de entender.
4) Sentido en que se puede tomar una sentencia, un dicho o una expresión.
5) Habilidad, destreza y experiencia.
6) Trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí.
7) Sustancia puramente espiritual.

Si descartamos, para el caso que nos ocupa, las dos últimas y la cuarta, todavía nos quedan cuatro definiciones para elegir. En el artículo de John R. Searle, el autor argumenta que los ordenadores no serían inteligentes si adoptásemos la primera y la tercera acepción recogida en el diccionario. Sin embargo, creo que la mayoría de nosotros seríamos unánimes a la hora de aceptar que los ordenadores sí resuelven problemas, tienen esa capacidad (otra palabra controvertida). En este sentido serían inteligentes, además tendrían habilidad, destreza y experiencia para ciertas cosas. Pero hasta aquí no hemos resuelto nada, seguimos como al principio.

A mí me gusta la siguiente definición de inteligencia: Capacidad para resolver problemas y adaptarnos a las demandas de un medio ambiente cambiante. Y considero fundamental la segunda parte de esta definición, tanto, que sería desde esta posición desde la que me costaría más aceptar que los ordenadores sean inteligentes.

Comparo a un ordenador con una persona, pero no con cualquiera, sino con pacientes cuyo lóbulo frontal se encuentra dañado. Puede parecer sorprendente, pero un niño autista a menudo se identifica a sí mismo y a su memoria con un ordenador. Tienen una memoria magnífica, su capacidad para retener imágenes en la mente es increíble, igual que a la hora de acceder a estos recuerdos. Como si se tratara de un moderno DVD algunas personas autistas dicen poder seleccionar una escena de su mente y comenzar a reproducirla con todos sus detalles, detalles que para nosotros resultarían totalmente irrelevantes. Además de esto, pueden seguir reglas si éstas están lo suficientemente claras y especificadas. Ahora bien, son esclavos de un ambiente invariable (rutinario), a menudo tienen problemas en sus interacciones, les cuesta tomar decisiones, planificar una secuencia de acciones, no comprenden las metáforas, la ironía o el doble sentido, y la única empatía que son capaces de mostrar la han memorizado y mecanizado de forma que responden con la misma rígida fórmula a partir de algunas cuantas claves relevantes (cuidado con la generalizaciones que empleo aquí, tengamos siempre presente que cada persona es un mundo).

Oliver Sacks cuenta en una de las historias de “Un antropólogo en Marte” como un chico autista, con una destreza asombrosa para dibujar edificios, le saludó en una ocasión después de varias semanas sin verlo con un “Hola Sacks” efusivo, algo que logró conmoverlo hasta que comprobó decepcionado que el mismo tono y la misma expresión fueron utilizadas para saludar a otra persona que el chico no conocía y por tanto, por la que no debería sentir ningún tipo de afecto especial.

Así veo yo a los ordenadores, incapaces de tomar decisiones, porque como dice el artículo de Ramón López de Mántaras Badia, tardarían muchísimo en estudiar todas las opciones posibles. Utilizan la lógica: Todos los A son B; Todos los B son C; Luego todos los A son C. Pero no me los imagino utilizando heurísticos.

Los ordenadores no comprenden la ironía, las metáforas, no tienen iniciativa, no son capaces de rectificar (ser flexibles), no tienen preocupaciones, ni remordimientos, etc. Las personas tienen menos capacidad de almacenamiento, son más lentas a la hora de manipular datos formales y emitir una respuesta correcta, pero pueden utilizar atajos, a veces se equivocarán y otras no, pero así hemos sobrevivido a lo largo de tantos milenios.

No sé si los ordenadores podrán pensar algún día, ni siquiera puedo negar que lo hagan ahora, pero como Searle dice, una cosa es la semántica y otra la sintáctica, una cosa es resolver problemas mediante algoritmos y otra muy distinta desenvolverse cómodamente en un mundo cuya complejidad no es reductible a meras fórmulas matemáticas.


06 octubre 2005

El Parkinson, una vecina misteriosa.

La enfermedad de Parkinson (EP) es una enfermedad prácticamente conocida por todos. Para la mayoría de nosotros la palabra Parkinson está inexorablemente unida a temblor, al que otros, más “entendidos”, añaden rigidez, lentitud de movimientos, inclinación y rostro inexpresivo.

Se considera propia de la tercera edad, una alteración que suele aparecer en torno a los 60 años, sin embargo puede presentar también un inicio temprano (anterior a los 45 años).

Hasta ahora seguro que no he desvelado nada que no conocierais, pues bien, debo decir desde ya que seguiré sin hacerlo porque de eso precisamente trata el escrito de hoy. De lanzar hipótesis sin esperar respuesta, porque al parecer, en este momento, no existe solución para este interrogante, al menos no existe la solución, aquélla que no tiene excepciones y complace a todos.

¿Y cuál es ese gran misterio que subyace a esta familiar enfermedad?

En realidad el mismo misterio que comparten la mayoría de las patologías que tratamos los psicólogos, su causa.

Si buscamos en un manual especializado aparecerán en los primeros párrafos dedicados al trastorno esas dos palabras compartidas por tantas alteraciones psicológicas: etiología multifactorial, a continuación se nos desarrollarían brevemente cada una de las posibles causas hipotetizadas como responsables del origen de la enfermedad, por ejemplo: las genéticas, la hipótesis de un origen infeccioso (descartada para algunos), el envejecimiento cerebral normal, los traumatismos y, los agentes tóxicos internos o los externos.

Tal y como está el panorama, sería una locura comprometerse con una sola de las alternativas presentadas arriba, sin embargo, la última opción ha despertado mi interés de manera singular. Desde que vi este verano aquel documental titulado “El enigma del Parkinson”, en el que se planteaba esta hipótesis y se aportaban datos en su defensa, me puse a investigar sobre el tema de los agentes tóxicos ambientales y el Parkinson y hallé, a veces, cosas contradictorias (como que el tabaco parece proteger contra la enfermedad, mientras que otras plantas y semillas pudieran estar implicadas en el inicio del trastorno).

También que la tasa de prevalencia de la EP parece ser mayor en ambientes rurales; que la mejor forma de inducir un estado de “parkinsonismo” en el laboratorio es utilizando sustancias tóxicas; que de todo un equipo de televisión que rodaba en Vancouver, entre quienes se encontraba el actor Michael, J. Fox, 4 miembros desarrollaron esta enfermedad; y lo que parece haber dirigido de nuevo el interés de los investigadores hacia esta hipótesis ambiental planteada en 1.966 por O. Sacks, el hallazgo de un estado muy similar al acontecido durante el padecimiento de la enfermedad en personas que habían estado consumiendo heroína sintética, concretamente la sustancia más potente parecía ser la MTPT (una toxina neurtóxica que destruye las células de la sustancia negra, y que una vez fuera de nuestro organismo continua la degeneración celular).

Una de las fugaces protagonistas del documental era una mujer que por la razón señalada antes entró en un estado de “letargo” que le incapacitaba incluso para hablar. Lo más sorprendente fue observar su antes y su después de la intervención, el transplante de células sanas en el lugar de las dañadas, que restablecieron la función normal de ese área cerebral afectada. De esta forma la paciente pudo abandonar la silla de ruedas en la que había permanecido durante años, recuperar su tono muscular y erguirse, e incluso volver a hablar.

Con ella y otros muchos pacientes “ex - consumidores de cocaína sintética”, este tipo de tratamiento se ha mostrado radicalmente eficaz, sin embargo, no todo es optimismo, pues la duda ahora es si la misma intervención resultaría igual de bondadosa para “otras formas de Parkinson”.

Muchas voces dentro de la psicología y fuera de ella critican ese interés por “localizar” y “determinar” todo lo concerniente a un trastorno, argumentando que nuestro deber es curar, no investigar. Sin embargo, los que ya me conocéis sabéis que huyo de planteamientos reduccionistas, principalmente porque creo que adoptar este tipo de postura me impediría conversar con todo aquel que dijera lo contrario, (con lo que mermarían mis oportunidades para seguir creciendo), por tanto, me intereso por los orígenes del Parkinson porque creo que dada la variedad de potenciales factores etiológicos, cada “forma” de enfermedad (aunque siempre hablemos de la misma), podría necesitar un abordaje diferente; como cualquier persona que comparte una misma situación con otras miles en el mundo y, sin embargo, su problema sigue siendo único.



28 julio 2005

¿Quién descansa mientras duermo?


El sueño ha sido motivo de intriga para la psicología desde antes de que la propia disciplina existiese, los comienzos de esta ciencia aparecieron fuertemente ligados al estudio de dicho fenómeno.

Hoy, el sueño sigue constituyendo para muchos un exótico misterio, para otros simplemente lo último, pero para ninguno pasa desapercibido. Atribuirle al sueño un significado no es una idea descabellada, aunque dependiendo de qué entendamos por significado algunos de nosotros estaremos más o menos de acuerdo. Por ejemplo, el creer que soñar con una puerta predice una transición más o menos importante en tu vida dependiendo del tamaño de la puerta en cuestión, me parece un asunto que no merece más extensión que estas líneas. Para mí el sueño se apoya más en el pasado que en el presente, y esto mismo parecen respaldar las investigaciones actuales.

Podéis hacer la prueba cuando queráis, yo la hice después de leer “La interpretación de los sueños” de S. Freud, y aunque parece obvio no deja de sorprender el poder conectar cada trazo de recuerdo onírico con hechos de días recientes. A veces las relaciones entre el sueño y el día anterior están mediadas por multitud de intrincadas conexiones que escapan de nuestra lógica más inmediata, pero que si repasamos cuidadosamente nos llevan a descubrir las redes semánticas de nuestra memoria.

Según mi opinión (más que mi entendimiento), en consonancia con lo anterior, acabo de leer un artículo que explicita algunos estudios en los que se pone de manifiesto el papel consolidador del sueño sobre material recientemente adquirido. El artículo está publicado en Mundo Científico y se titula “Memorizamos mientras dormimos”. Su autora, Elizabeth Hennevin-Dubois, señala que esta hipótesis recibió en 1960 el apoyo de tres vertientes: 1) Datos que mostraban que fragmentos de experiencias vividas durante el día aparecen frecuentemente en los relatos oníricos; 2) Datos que mostraban que la proporción de sueño paradójico es mucho mayor al comienzo de la vida, un periodo crítico para las adquisiciones fundamentales y 3) Datos que mostraban que esta tasa de sueño paradójico se reduce en los sujetos deficientes mentales.

Como sabéis existen distintos estadios que atravesamos mientras dormimos, estadios caracterizados por un funcionamiento cerebral y neuromuscular bien distintos. De ellos se ha apuntado a que es el sueño de ondas rápidas, también llamado sueño paradójico, el encargado de facilitar la consolidación del recuerdo. Al parecer, mientras atravesamos estos periodos de sueño activamos recuerdos almacenados en nuestra memoria pudiendo incluso transformarlos, como en el momento de ser adquiridos. Es sorprendente que el efecto inverso también sea posible, es decir, podemos (bajo determinadas condiciones de aprendizaje), hacer que un animal (una rata en este caso) aprenda una tarea de condicionamiento clásico mientras duerme, sin despertarla, de modo que al día siguiente durante la vigilia conserve tal aprendizaje, es decir, no sólo “re”memorizamos mientras dormimos, sino que además aprendemos mientras nuestro cuerpo duerme.

El aprendizaje implícito es una realidad, y en este sentido no sorprende que durante el sueño (sin que en su momento seamos conscientes) sea posible aprender, pero al menos nos alerta de varias cosas, a la vez que nos proporciona pistas para conocernos mejor.

Desmitificado el carácter premonitorio de los sueños, no debemos sobrestimar su contenido, pero tampoco ignorarlo, pues cierto es que nos orientará acerca de aquella información recibida que resultó más llamativa para nosotros (tanto que necesitó un reprocesamiento extra). Tampoco sería justo que nos echáramos a dormir después de ojear los apuntes por encima esperando el milagro. La proporción de sueño paradójico aumenta después de ejecutar una tarea que precise de algún cambio en nuestras rutinas, una asimilación de nuevos conocimientos, nuevos movimientos, etc. Para que os hagáis una idea, sujetos sometidos durante varias semanas a un entrenamiento intensivo de trampolín, un deporte que requiere la adquisición de patrones motores totalmente inhabituales (traslación y rotación en las tres dimensiones del espacio) presenta una tasa incrementada (+26,5 %) de sueño paradójico. Este aumento no es mera consecuencia del ejercicio físico, pues no se manifiesta en sujetos que participan en cursillos intensivos de baile moderno o de fútbol, que ponen en juego patrones motores más familiares que el trampolín.

Otro dato, 4 horas de estudio de un texto de psicología social produce un 40 % de aumento de este mismo sueño, de modo que estad atentos a vuestro descanso esta noche, dejad descansar al cuerpo y trabajar a la mente, ella decidirá si debéis recordar los hallazgos de este estudio durante algún tiempo o, por el contrario, determinar que lo que habéis leído no ha servido para nada.

05 julio 2005

9º Congreso Europeo de Psicología...


Dije que escribiría sobre el congreso, por eso hago esto, pero en realidad no traigo buenas noticias.

Muchos de vosotros ya esperábais este resultado, así que creo que no voy a sorprender a nadie.

Ayer comenzé mi jornada a las 13:50 h. tuve tiempo para comer una croqueta y medio flan antes de que empezara mi turno (había que aprovechar los 9 € que nos regala la organización a todos los voluntarios en forma de tickets para el restaurante del congreso).


Llegué a la sala que me habían asignado y relevé a un compañero que llevaba 5 horas de pie y tenía mucha hambre, pese a esto fue bastante agradable. Me explicó qué teníamos que hacer, básicamente cargar presentaciones de los ponentes en el ordenador y estar pendientes de los micrófonos y las puertas. Asistí a tres conferencias, algunos ponentes traían buenos trabajos de investigación, o al menos, habían realizado una buena revisión de trabajos publicados en su área de investigación. Concretamente felicitaron a un ponente de la Universidad Católica San Antonio de Murcia, Aurelio Olmedilla Zafra, también a mí me pareció notable la diferencia entre el trabajo que él nos presentó y el que traían otros congresistas sobre el mismo tema. Como constituye una excepción creo que merecía ser nombrado.

Muy diferente fue el trabajo presentado por otros grupos de investigación, de ellos me reservaré el derecho a dejarlos en el anonimato, no vaya a ser que contribuya por medio del blog a difundir sus hallazgos. Además de la "utilidad" de su investigación (gastar dinero público en eso me parece una barbaridad, pero así funcionan las cosas y hay ciertas personas que siempre tendrán dónde comer), lo "mejor" sin duda fue la metodología empleada: Preguntaron sobre las creencias acerca de cuestiones académicas a un grupo de personas, a veces estudiantes - titulados - doctores - profesionales - profesores, otras veces sólo doctores y profesores, profesores y estudiantes, etc, supongo que dependía de las personas que andasen por allí cerca en ese momento. La pregunta concreta realizada no constaba en la presentación, tampoco íbamos a exigirles tanto. Las conclusiones: "sobre la base del número de sujetos entrevistados, esto es (doctores: 2, profesores: 7, titulados: pocos casos)". ¡POCOS CASOS!, si han contemplado hasta dos sujetos, ¿qué idea me hago de pocos casos?, ¿es que preguntaron a la persona que tenían más a mano y le dijeron suponte que eres titulado? Puesto que era lá unica que no pertenecía a su grupo de investigación dentro de las 10 personas que ocupábamos la sala, no noté a nadie sobresaltado por esas palabras. A su favor diré, que uno de los ponentes dijo, "en realidad debemos ser cautelosos con nuestras conclusiones debido al bajo número de sujetos consultados."

Hoy me han tranquilizado, ya que me han comentado que normalmente acuden a estos congresos personas que no han podido publicar sus trabajos y se conforman con verlos constar en las Actas del congreso. Si yo hubiese sido la autora de esa broma de mal gusto me hubiese gustado que alguna mano amiga me hubiese frenado cuando se me ocurriera la idea de dar a conocer a la comunidad psicológica europea mis desafortunados hallazgos. En fin, esos son mis profesores, ahí se forja mi formación como psicóloga, todo un orgullo.

La única conferencia que hubo de grupos extranjeros, versaba sobre psicología social, muy centrada en la validación de un instrumento que habían construido para medir determinadas variables como motivación, extraversión, etc. Me pareció bastante aburridilla, aunque aquí tuve más trabajo porque la luz se fue en todo el edificio varias veces y hubo que avisar a los técnicos para que arreglaran el cañón de luz y el portátil, se perdió muchísimo tiempo y los ponentes se acordaron bastante de la organización española.

26 junio 2005

9º Congreso Europeo de Psicología

Este año se celebra en Granada el 9º Congreso Europeo de Psicología. He estado ojeando el programa y parece muy interesante, así que aunque tenga que compaginar beca, exámenes y congreso esa semana, me he ofrecido voluntaria para colaborar, a cambio recibo la oportunidad de asistir a todas las ponencias que no coincidan con mi horario de "trabajo".


El evento tendrá lugar a partir del día 3 de Julio por la noche (inauguración oficial), y durará hasta el día 8. De todas formas en el enlace que os he dejado podéis informaros aquellos que estéis interesados. Por cierto, que también he encontrado este enlace haciendo publicidad desde una web argentina, espero que acuda público de otros continentes porque eso enriquecería aun más las jornadas. De todas formas he estado ojeando quienes serán los ponentes y hay claro predominio nacional (será porque se organiza en España...), espero que el congreso no sea una excusa para que unos cuantos profesionales nos presenten sus trabajos para ganar puntos.


Ya os iré contando que tal va y, si alguien se anima, os espero en Granada.

02 junio 2005

"Hacia la detección precoz del autismo"

Dando vueltas entre el espacio que separa la cama del escritorio, sin saber hacia cual de los dos extremos dirigirme finalmente (la hora del día y las altas temperaturas hacen estragos en mi capacidad para manterme en estado de vigilia, pero por otro lado si no empiezo con esa asignatura luego no me va a dar tiempo). Como decía, andaba yo en esa disyuntiva cuando encuentro junto a mi mesita de noche (esto dice mucho a cerca de mi voluntad de hierro...), una página de "El País" que recuerdo me dejó esta mañana mi compañera de piso para que le echara un vistazo, pues hablaba del autismo.
Hace un par de meses leí una obra titulada "el Curioso incidente del perro a media noche" (de Mark Haddon), la recomiendo pues da una muy buena visión de lo que suponen las características del espectro autista para la persona que vive con ellas y para quienes las acompañan en su día a día. Lo que más impacta del libro: Las emociones (no os adelanto nada más, ya me contareis, pero se hace difícil una modificación tan radical de nuestro mundo para poder mínimamente llegar a esbozar el suyo).
Este trastorno digno de investigación y dedicación por parte de cualquier psicólogo que se precie, no será hoy el objeto de mi post. Aunque me hubiese encantado escribir sobre él y sobre cada una de las alteraciones del comportamiento que presentan estas personas, hoy me mueve otra inquietud. La inquietud de ver publicado en este diario del grupo Prisa un artículo que plantea la posibilidad de diagnosticar el trastorno precozmente a través de un sencillo análisis de sangre. Mi perplejidad no queda indiferente, pero mi asombro comienza cuando leo en esta página: "Una portavoz de Autismo España, la confederación de asociaciones de padres de niños autistas, abunda en esta carencia del sistema público e insiste en que todavía hay pocos profesionales formados para detectar la patología y que muchos padres sienten que no saben a quien acudir después del diagnóstico." Y sigo leyendo: "(...) el autismo es, de momento, incurable y sólo se puede tratar con técnicas de estimulación y, a veces con fármacos (...)" "Pero aún en estos casos, los trastornos del comportamiento que causa la enfermedad hace que estas personas sean dependientes durante toda su vida".
Al margen de estar más o menos de acuerdo con esta información, lo que me movió hacia el escritorio para redactar esto fue la falta de claridad de la gente. El miércoles 11 de mayo de 2005 los psicólogos y "proyectos de psicólogos" nos manifestábamos en contra de la Ley orgánica del personal sanitario (LOPS) que en su día aprobara el gobierno del PP. Por aquellos tiempo las elecciones estaban próximas y ZP tenía que ir a por todas, necesitaba los votos de los "novatos", así que prometió rectificar la ley para que los psicólogos permanecieran tranquilos, de forma que su profesión pudiese seguir existiendo. Ahora después de más de una año en el gobierno, no sólo no hemos visto esa modificación, sino que se nos ha dejado explícitamente claro que lo que hay es lo que habrá. En pocas palabras los psicólogos no somos rentables, nosotros no podemos recetar y los grandes laboratorios químicos que preparan los fármacos de los que echan mano los psiquiatras cuando no entienden bien de qué les está hablando el paciente (será debido a que éste sufre de disfunción cerebral mínima), sí mueven cantidades ingentes de dinero.
Los psicólogos entendemos que nuestra labor en la sociedad es fundamental, básica para cumplir todas esas carencias que comentaban respecto al autismo la portavoz de Autismo España. Nosotros estamos especializados en dar esa "estimulación" de la que habla el artículo, damos tratamiento, estudiamos durante cinco años (más los 3 de especialización en el caso de los psicólogos clínicos) el comportamiento humano, y conocemos ampliamente las bases que los sustentan y los principios por los que se rige. Leyendo el artículo ésta es la idea que se desprende de él, necesitamos de personal especializado, Los Psicólogos, necesitamos que se creen más plazas públicas para ellos, es la única forma de atender a las necesidades de la población que no encaja tan bien con ese modelo médico de paciente con daño anatómico-funcional imperante hasta nuestros días.
¿En qué quedamos?
Por qué entonces cuando nos manifestamos aquella vez, todas las veces que lo hemos hecho ya sobre el mismo asunto, por qué no hay noticias en la prensa, por qué ese silencio sepulcral de los medios de comunicación. ¿Por qué el 11 de mayo Granada tuvo que alterar todo el tráfico de su ciudad durante toda la mañana, afectando esto a comercios y autobuses urbanos que se vieron obligados a suspender sus servicios o, como mínimo, a modificarlos, y tras acudir 3 cámaras televisivas y varios periódicos sólo "El ideal" se hizo eco de la noticia? Localia estuvo allí, ¿por qué no hizo ninguna alusión al hecho en las noticias locales? Tampoco Canal Sur informó dentro de este mismo apartado de noticias locales. Ese día todas las atenciones debían concentrarse en el congreso, ZP daba una charlita, un balance sobre su primer año de gobierno, muy ilustrativo, sí. Dicen las malas lenguas que alguien mandó una nota a las televisiones locales para que omitieran la protesta, nada podía estropear el gran momento, el espectáculo estaba en marcha. Pero luego son tan torpes que te dedican una página para, como diría el cantante, "avivar mis desvelos"

15 abril 2005

Agnosias: ver y no ver

..."Ésta es, pues, la historia de Virgil, la historia de una recuperación 'milagrosa' de la vista por parte de un ciego (...) Al principio hubo ciertamente asombro, admiración y a veces felicidad. Hubo también, naturalmente, un gran valor. Fue una aventura, una excursión a un nuevo mundo, algo que se concede a muy pocos. Pero entonces llegaron los problemas, los conflictos, de ver y no ver, de no ser capaz de elaborar un mundo visual y de hallarse al mismo tiempo obligado a renunciar al suyo propio. Se encontró entre dos mundos, y en ninguno a gusto: un tormento del que no parecía haber escape posible. Pero entonces, paradójicamente, se le otorgó una liberación, en la forma de una segunda y ahora definitiva ceguera: una ceguera que recibió como un don. Ahora por fin, a Virgil se le permitía no ver, se le permitía huir de la luz deslumbrante, del confuso mundo de la vista y del espacio, y regresar a su verdadero ser: el íntimo y concentrado mundo de los demás sentidos donde tan a gusto se había sentido durante casi cincuenta años."


No es la primera vez que menciono a este autor, algunos post previos se han inspirado también en él, pero creo que sus escritos son dignos de difusión y reflexión. Este final pertenece a un cápitulo de la obra "Un antropólogo en Marte", efectivamente Oliver Sacks es su autor. En esta ocasión nos habla de la agnosia, un problema cada día más común entre los supervivientes de accidentes de tráficos (por mencionar sólo algún caso). Virgil, es un adulto de cuarenta y tantos años que ha permanecido prácticamente ciego desde antes de cumplir los tres. Su experiencia con un mundo visual es inexistente, durante todos esos años ha aprendido a manejarse en un mundo táctil y se ha sentido plenamente capaz en él. Sin embargo a alguien se le ocurrió que sus ojos podían ser operados y de esta forma "recuperaría" la vista. Efectivamente la operación era simple (cataratas) y una vez realizada no se encontraron daños mayores en sus ojos, todo parecía estar en regla, pero a pesar de eso Virgil no podía "ver". Como explica magistralmente Sacks, no podía "ver" tal y como lo hacemos nosotros, pero desde su recién estrenada videncia él veía la luz, veía formas, líneas, colores, movimientos..., todo esto formaba parte de su nueva experiencia visual, y sin embargo no sabía describirte a un animal que tuviera delante a no ser que lo hubiese tocado antes. Es curioso como relata que no distingue a su perro de su gato, es mas, su propio perro le hace dudar cuando cambia de posición, Virgil se pregunta "¿ este sigue siendo mi perro?".

En una anotación a pie de página, el autor comenta: "En su irónicamente titulada Carta sobre los ciegos: para uso de los que pueden ver (1749), el joven Diderot (...) afirma que los ciegos, a su manera, pueden construir un mundo completo y suficiente, poseen una completa identidad de ciego y ninguna sensación de discapacidad o insuficiencia, y que el problema de su ceguera y el deseo de curarla es, por tanto, nuestro, no suyo."

Me gusta este fragmento porque en él como en el resto del cápitulo se subraya la importancia del aprendizaje, incluso en algo que creemos tan automático como el sentido de la vista. Así fue la historia de Virgil, y su salvación llegó de la mano de una tremenda enfermedad que le devolvió su "ceguera" o, en su caso, que le hizo recuperar la claridad del mundo en el se había desenvuelto sin problemas hasta el día que la luz atravesó sus retinas.


01 abril 2005

¿Quien está enajenado?


Pensando en escribir acerca de la Enajenación Mental Transitoria (EMT), empezé a dar vueltas al asunto de la cantidad de personas que se intentan acoger a este "diagnóstico" para que se les exima de sus responsabilidades civiles y, sobre todo, penales. Quería plantearos si estais de acuerdo en que matar por un "arranque de celos" se saldara sin pena judicial porque el acusado perpetuó el hecho bajo un estado de "ceguera pasional" (en otras palabras porque sufrió EMT). Es cierto que a estas personas se les exime de responsabilidad y por tanto de culpabilidad, son considerados por la justicia como inimputables, por lo que no deben somertese al castigo de cárcel (única medida "restitutiva" que conoce nuestro sistema penal). Pero si bien no es responsable de cara a la justicia, ésta sí le considera potencialmente peligroso. La EMT se define, como su propio nombre indca, como un estado pasajero durante el cual quedan abolidas las capacidades intelectivas y volitivas del sujeto. Según diversos autores (Rodríguez y Ávila, entre ellos), la enajenación debe curar sin dejar secuelas. Entonces me pregunto: ¿No se está contradiciendo el sistema judicial cuando dictamina EMT y luego pide tratamiento para este sujeto?

Todos sabemos que existe más de una contradicción en nuestro sistema de justicia, por ejemplo, el otro día intentábamos dar en clase una definición de delito (al final creo que nos quedamos con algo así: "un delito es una acción u omisión que se considera perjudicial para el bienestar público, la moral pública o para los intereses del estado y que, por tanto, está legalmente prohibida"). Ahora bien, ¿realmente juzgamos las acciones de las personas?, es decir, ¿lo importante son las conductas?. Pensad en lo siguiente: haber estado tomando alcohol se considera un atenuante cuando se juzga un delito de asesinato, pero es un agravante si la víctima fue el resultado de un accidente de circulación.

¿Qué es lo que interesa controlar al estado?

Estoy realizando un trabajo para clase en el que tengo que abordar el tema de la delincuencia desde el punto de vista de la víctima. Leí un artículo que, defendiendo esta postura, mencionaba algunas importantes carencias del sistema judicial de cara al trato con las víctimas. Ellas son fundamentales para iniciar el proceso judicial: si no hay denuncia no se puede poner en marcha el proceso (a veces tampoco lo hace aunque tal denuncia exista), sin embargo, a partir de ahí la víctima sólo volverá a ser requerida si el fiscal necesita un testigo.

Ya que aparece la figura del fiscal podemos también preguntarnos a quién representa éste, ¿a la víctima? no, el fiscal representa al estado y ¿vela por el interés de la víctima? personalmente no lo creo, de hecho ya habéis visto lo que el Artículo 10 del Código Penal contempla como delito.

Sobre el tema de la justicia se abre un gran debate, ¿por qué un gran porcentaje de víctimas que denuncian un delito terminan sintiéndose defraudadas con el sistema judicial? Este sentimiento de insatisfacción sería extrapolable al resto de la población, como se muestra en el hecho de que sólo un tercio de los delitos acontecidos sean denunciados, nuestras expectativas acerca de la eficacia de este sistema judicial son bastante bajas, y mejor que no nos hagamos ilusiones porque después nos hacen responsables de nuestra insatisfacción por haber esperado demasiado de ellos...